jueves, 9 de junio de 2011

Maimuna (1)

Erase una ronda de té

¿De mujer? Pues puede ser
Que mueras de su mordida;
¡Pero no empañes tu vida
Diciendo mal de mujer!

José Martí

Momentos dispares y palabras jocosas entremezclados con fogosos sorbos de té a lo largo de un día, son más que cotidianos en la vida de un saharaui; entonces la vida adquiere sentido y sabor, las carcajadas somníferas y variopintas y entrecruzadas van y vienen, acto seguido sin reflexionar, al oír las murmullos que dan rienda suelta a la imaginación. El acento llano del hablante que nunca denota ira, se codea con una frágil verdad, adyacente a la indiferencia o la mentira. Si ese té, se contaminara de mujer, la frágil postura del hablante se transforma en dardos místicos y las palabras se fraguan en deseo. De las mujeres, que muerden trágicamente, no se cansa el feudal caballero que de antaño supo que tenía el deseo aplazado.
De las saharauis, nada esta dicho, ni mucho menos escrito. Ellas mismas aún se entregan a un vacío terco, que en algún tiempo era impuesto, pero que ahora ya se les ha puesto demasiado pesado. Y qué dirán si hablaran?, es una cuestión que más de una respondiera, pero otras, se retractarían por las que hablasen. El arte lo llevan en su mirada, sin duda; así expresan su deseo y sus ganas. En sus actos impera el silencio del guiño que, los hombres dan por válido y romántico. Pero el vacío de sus demandas agranda el retraso en sus reivindicaciones. No seré yo quien no las ame y las cobije -esto es un inciso personal que no puedo dejar de decir, como narrador-, tampoco toleraré que las menosprecien o desacrediten. En algún momento serán lo que ellas quieran ser, no lo que son o deben ser. (...)

(continuará...)



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