jueves, 7 de julio de 2011

Maimuna (5)

Los papeles

(...continuación)

Los papeles para los extranjeros son más importantes que la comida y la ropa. Se enfrascan tanto en ellos que, hasta se les olvida su dignidad, muchas cosas cotidianas y perecederas se dejan a un lado hasta cuando se pueda. Y los que les rodean también se impregnan de su situación, hasta comen y respiran de ella. El extranjero se convierte en víctima de su situación, ya le teme a todo y a todos y su propia familia se hace su enemigo numero uno irremediablemente, le hacen sentir el don nadie, el inútil, el débil, porque si fulano pudo, o aquel hizo esto o hizo lo otro y mengano se fue a tal lugar y sobornó a aquel y compró aquello y le dieron los papeles, porqué él no? Mas aquí cerca, los que le rodean le ven como el desdichado y dirán, bah! lo que le espera!, no será fácil y, se alejan de él, nunca le acompañarán a nada porque no tienen tiempo y, como aún no trabaja ni tiene dinero, recibirá sin remedio todas las broncas necesarias e innecesarias y solo él beberá de sus penas y, tiene que buscarse el momento adecuado, la hora precisa para contarlas, en ese momento, cuando encuentra la persona adecuada para desahogarse, verá en su cara, la pena que le da y...

enseguida se apresta a decirle: ahora pago yo, no te preocupes, ya algún día pagas tú; ojala, responde el desdichado foráneo en silencio.
Pero, el que los consigue, no termina allí su historia ni mucho menos. Ahora le espera una infinita carrera hacia la meta deseada, ahora que todo parece terminado después de conseguir los papeles, es cuando empieza la verdadera lucha por la vida, la supervivencia, el bienestar y un sin fin de sueños, la mayoría ya concebidos en su tierra natal. La guerra ahora es jodidamente dura y larga y solo acaba con la última bocanada de aire.
Y esa guerra es contra mil enemigos con mil caras, contra la xenofobia, los tópicos, el sexo, la indiferencia etc. Y, siempre se dará cuenta de todo ello, poco a poco, hasta que llega el momento definitivo de percatarse de una vez por todas, que, simplemente todo es más sencillo de lo que se piensa y, entonces se encomienda a la suerte, y ya lo que busca en ese instante es sobrevivir y tantear cuantas veces pueda a la dichosa suerte. Todo lo demás, le salpica y él solo puede dar un par de brochazos al aire y luego limpiarse él mismo las salpicaduras.
Esto solo es algo de los tantos rompecabezas que sufren los inmigrantes, que siempre de una manera u otra se atendrán a sufrir más. Pero aún así todos se meten de cabeza a la aventura sin dudarlo.
Maimuna se adentró en una sociedad extranjera, con todos sus pros y contras. El cambio fue aún más difícil, por el hecho de que ella procede de una cultura que, en algunas cuestiones es intransigente, porque entre otras mil razones, ahora esta forzada a ejercer algo que en su tierra es intolerable más que eso, irreconocible y, mantener en la medida de lo posible aquello que atañe a sus costumbres y tradiciones que, ya estaban ligados a ella, porque las mamó de niña. Pero ella entonces, puta se hizo y de lo que cosechó aparte, también. Todo quizás en venganza. Todo, talvez, es represalia. Será todo eso o, simplemente, ser puta es un placer.
El miedo propio de un Sin Papeles acompañó a Maimuna en su primer viaje a una delegación del gobierno para entregar su petición del permiso de residencia y trabajo. Su amiga le había dicho que tenía que irse a Badajoz, que es donde es más fácil conseguirlos, ya que en Valencia era una pérdida de tiempo, -le decía- aquí mandan los políticos más extremistas del país y ni pierden el tiempo en documentar a extranjeros. Y la verdad que no era eso último, sino, que los rumores, con respecto a los papeles, ahora vienen de tierras extremeñas, como antes de Jaén y en su momento de Barcelona. Y el comentario de lo de Valencia, no era más que un inciso, que cualquiera contando algo se permita esa licencia de agregar, modificar u obviar algún que otro detalle.
Llegó bien temprano a la sede de la delegación del gobierno de Badajoz y ya había gente antes que ella con los mismos propósitos -sabe Dios si vienen por el mismo rumor, aunque seguramente que si, porque los vientos que corren en la estepa española llegan a todos los inmigrantes por igual, con o sin matices-. Ante sus ojos se levantaba un edificio de dos plantas recién remodelado, ya por enésima vez en la fachada a lo que se refiere, que conserva como tal su aspecto neoclásico, pero que por dentro, es otra cosa, es totalmente diferente, moderno e irreverente, donde se nota claramente la norma, neo-construcción: espacio-función.
Una barrera de seguridad y un escáner presidían su entrada, escoltados por sendos policías y un por de vigilantes de seguridad un poco más atrás. A la entrada se ven las paredes revestidas con escayola, lisas de color blanco inmaculado, el techo, o falso techo, esta formado por cuadrados que van simétricamente a todos los lados hasta perderse de la vista; la iluminación se ajustaba a las funciones y dimensiones de cada estancia. Todo estaba adaptado a las necesidades del inmueble. El edificio parecía una figura tridimensional rellena con infinidad de paneles luminosos informativos, y otro tanto de círculos y cuadrados en el techo, en los que se alojaban la luz, los altavoces, los sistemas de ventilación y de incendio etc. mesas atestadas de dípticos y trípticos informativos en varios idiomas, salas de espera enumeradas de diferentes colores, mobiliario hermético y uniforme, cables esparcidos por doquier, ordenadores y, un sin fin de máquinas electrónicas; también carteles informativos de todos los tamaños y colores pegados en las paredes y paneles dispersos por todo el recinto. Y en el patio interior, había una gran sala donde se alineaban infinitas sillas para los usuarios. Al sentarse en esas sillas y mirar alrededor, se veía una infinidad de pasillos y puertas que ninguna era la de los baños, que debían de estar escondidos en un sitio recóndito.
Los funcionarios que allí trabajan, incluidos los de seguridad, siempre tienden a ser apáticos, excepto uno o una, que todos, saben cual era y en qué mesa solía estar, o en qué posición solía estar, si es guardia o policía, por lo que todos quieren que les atienda, porque siempre resuelve las dudas con gran profesionalidad, pero a la vez con una afabilidad exquisita y todo porque si. Las personas inmigrantes, en sus rasgos se marca con claridad su origen, pero por sus indumentarias, todos denotan el toque de moda más actual y, algunos que otros vienen acompañados de oriundos. Y, no falta nunca el presumido o presumida de turno.
En esta situación, Maimuna se disponía a entregar su dossier sin ni siquiera saber lo que tenía que hacer o, si tenía los documentos necesarios. Pero, al menos estaba en el sitio adecuado para un primer paso. Los nervios y la incertidumbre la acosaban en todo momento. Hasta que al fin entró a la gran sala de espera donde reinaban el silencio, las miradas y remiradas, allí esperaría otro tanto hasta que por fin la llamen para ser atendida,
Entregar los papeles, no significa nada, pero ese hecho por primera vez, a un inmigrante le parece haber cruzado una línea imposible e incierta en otro momento anterior. Recibe un resguardo con su foto, un cuño redondo de color fucsia y otro cuadrado del mismo color generalmente, con una infinidad de números y barras. Este papel se convierte en una especie de salvoconducto dentro del país, que le sirve como identificación ante las autoridades. Ahora, parece más integrado, pero no, quizás ahora ese papel sea el principio de una expulsión, pero no antes de una interminable carrera hasta que termine todo y se demuestre algo, a favor o en contra. La carrera hacia la legalización definitiva puede llegar a durar más de tres años o más de diez. Mientras, sus endebles almas se retuercen entre las ganas y los deseos, pero qué más da, lo importante es sobrevivir al incordio y la marginalidad. Maimuna acababa de iniciar su propia carrera de fondo donde puede llegar o, morir en el intento, ahora que la suerte se implique. Ya la familia Martínez le había advertido que en cualquier momento podía contar con ellos incluso en el tema de los papeles, cosa que recuerda constantemente y dado el momento que estaba viviendo ahora, no era mala idea recurrir a ellos, vamos, ni mucho menos. Mas ella volvió a Valencia a casa de la amiga para reemprender el trabajo que había dejado.
Pero ni encontró a Maaluma, ni se reincorporó al trabajo, porque ya la habían sustituido por otra persona. Solo había estado ausente tres días, en los que apenas durmió o comió. El cansancio le pudo y esa noche se quedó dormida en un banco cercano a su ya ex domicilio.

(Continuará...)
____________________
Publicar un comentario