lunes, 25 de junio de 2012

Maimuna (7)

Maimuna (... continuación)
Lola

La Sra. Lola, la dueña del restaurante del mismo nombre, antes de abrir su negocio, se percató de la presencia de Maimuna cuando la vio durmiendo en un banco contiguo a su restaurante, solo al abrigo de su ropa, en posición fetal y las manos tapando su cara. Lola, sin dudarlo fue a despertarla e interesarse por ella, por lo que antes de nada la invitó al restaurante, con gestos inequívocos. Con sumo tacto, la encaminó hasta sentarla en una mesa y seguidamente, como disparada fue a hacer cosas y se perdió tras una puerta y luego otra, para seguidamente reaparecerse. Le dispuso un par de bollos y un zumo e instantáneamente puso a calentar la máquina de café. Todos sus actos parecían desmedidos y salpicados de cierta curiosidad.
En realidad, qué va a contarle Maimuna a la señora. Comía con pesadez y sus ojos aún dormitados se querían esconder detrás de los parpados y, se recogía el pelo una y otra vez con la mano a marcha lenta como si la faltara energía y ganas. Contarle sin duda la verdad. Como que, solo había vuelto a un hogar que había dejado dos días antes, y ya no lo tenía. Era lo más sensato, aunque su cerebro apenas había despertado, pero podría resumirlo de esa manera. Pero la señora quería saberlo todo. Mientras le servía el café, Lola iba subiendo su mirada lentamente desde la taza hasta los ojos, repasando penosamente la figura que tenía delante, sus gestos la invitaban a que “desembuche” y ya. Maimuna le contó lo que podía de manera desordenada y casi vaga...

Sin pensarlo, estaba fregando el suelo y las mesas del restaurante “Casa Lola”.
La amistad inesperada surgió de la nada y de la amabilidad y bondad de Lola. Una persona introvertida que también tenía sus problemas personales, camuflados tras sus agallas y su tenacidad para los negocios, cosa que va en primer plano en su álbum personal.
Su restaurante ya tenía sus quince años y siempre había estado impecable y rentable. Con su clientela habitual y eventual. La especialidad del restaurante era la comida casera. Aparte de tener un vasto y variado menú, preparaba platos al gusto, si a alguien le apetecía esto o lo otro, se lo preparaba, incluso preparaba comida por encargo para fiestas y bodas y, el café lo hacía como nadie. Pero su elegancia y buen gusto era lo más. No dejaba indiferente a nadie, si no era por una cosa era por la otra. Y ahora tenía una razón más, una apuesta y dispuesta ayudante: Maimuna.
No es que la especialidad de Maimuna sea la cocina, pero sí la limpieza y el orden y a la Sra. Lola eso la tranquilizaba, que, nunca dudó en reprimir a su empleada cuando era necesario y sobre todo, se esmeraba en inculcarle los valores de esta su nueva sociedad y le inducía las pautas y los objetivos del trabajo que ahora es el lazo más sagrado entre ambas. Aprendió de una manera casi mecánica los pormenores del restaurante, hacía cada cosa en su momento, ponía cada cosa en su sitio, organizaba y limpiaba todo, estaba en todo momento y, en todos los sitios cuando se le precisaba y así, día a día. Todo le parecía agobiante, pero lo hacía y, la Sra. Lola lo velaba todo, que con el paso del tiempo se le fue acercando y abriéndose más y más. Aparte del trabajo, también le había proporcionado un hogar.

(continuará...)
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