sábado, 16 de junio de 2012

Maimuna (6)


Maimuna (...continuación)
Cosas que pasan
El mejor cliente del restaurante era don Fritz, un alemán cincuentón, mal hablado, que vive a cuadra de allí. Es uno de esos clientes fieles hasta la médula, venía diariamente y dejaba buenas sumas de dinero, aparte de la propina, por lo que se le tenía un gran respeto. Don Fritz se sentaba en cualquier mesa y era como un paisano más, tanto que ya le acompañaba el don a su apellido, que él procuró en su momento que así fuera. Muchos le reían sus maneras y ocurrencias, a veces sin sentido, pero eso no importaba, ya había ganado el favoritismo de todos los asiduos y trabajadores y, tanto que sus costumbres se fueron acrecentando y delimitándose sin que nadie le reprochara nada. Y Don Fritz, es en realidad, a vista distendida, un rentoso de su propia vida pasada y, que ahora solo le queda, desvivir y, era eso precisamente lo que hacía: desvivir en el restaurante de Lola hasta el hartazgo y al día siguiente, más de sí mismo.
Hasta que un día cometió un error, que, a su pesar, los errores se pagan de una manera u otra, pero siempre se pagan. En un alarde de confianza y jocosidad le pellizcó el culo a Maimuna y la bandeja que ella sostenía en las manos voló por los aires y un par de vasos se hicieron añicos, y seguidamente en acto de reflejo se volvió bruscamente y aireo su corta mano, que no alcanzó el mentón del viejo alemán, por centímetros y, empezó a increpar dura y ruidosamente a Fritz delante de todos, y, le hizo abandonar el local, acto seguido ella también salió velozmente indignada...



Al día siguiente vino a trabajar pero Fritz, no apareció. Era la primera vez en mucho tiempo que no venía, pero la queja suya en propia persona a doña Lola estaba en camino, alguien se lo susurró a la dueña.
Doña Lola la llamó para hablar con ella. El asunto de cierto modo era grave, se trataba de un buen cliente, pero también de la reputación del restaurante y de la misma dueña. La conversación fue escueta, entre otras cosas Maimuna apenas hablaba y tampoco le apetecía hacerlo y, Lola gesticulaba con las manos y la cara.
- Mira Maimuna, lo de ayer no estuvo bien de ningún modo, él cometió un error, pero tú también. Has armado un escándalo, se fueron los clientes, pero sobre todo, es la primera vez que pasa algo parecido en este restaurante y, a serte sincera no me gusta, aunque tú tengas razón. Mira, estas cosas tienen un procedimiento aunque no esta escrito, pero lo hay, y es tan sencillo como venir a quejarte a mí. No sé –prosigue doña Lola- cómo son las cosas en tú país, pero aquí desde luego no es como tu has actuado, inclusive podías darle un colleja discreta a Fritz o quien proceda y san se acabó, existen mil maneras, excepto como tú has actuado
Doña Lola estaba seria y dolida por lo acontecido y quería zanjar las cosas de la mejor manera, sabía que Maimuna le dará más sorpresas, pero también sentía una responsabilidad hacia ella. Ya la tenía como hija y como amiga y en estos casos hay que ser paciente y cauto, pero severa y consecuente. El hecho es grave e intolerable, pero no quería sacar las cosas de lugar, porque no es bueno para nadie y también eso es una cosa que puede pasar en cualquier momento y a la que hay que estar preparado. Evidentemente, hay cosas que solo se repara en ellas cuando ocurren.
-No te preocupes –siguió Lola- esto lo vamos a resolver y si hace falta que ese señor no entre más, se hace, pero tú compórtate como siempre y olvídalo todo, pero si se repite, actuaremos en consecuencia y, entonces la cosa pasa a ser conmigo no contigo.
Don Fritz, apareció al segundo día y, como siempre, jadeante y risueño se sentó a una mesa disponible, esta vez le atendió la misma Lola. En la conversación que no tardó más de treinta segundos, Fritz, pidió un café y un zumo, Lola tomó nota y fin del encuentro del momento después. Mientras, Maimuna hacía sus tareas cotidianas, sin reparar en la presencia de Fritz. Pero Lola estaba incómoda por todo, aunque él estaba como siempre y Maimuna en lo suyo como siempre. Lola llevaba la procesión por dentro, estaba incómoda y molesta. En quince años nunca había tenido ningún problema de esa índole. La incomodidad la carcomía por dentro, pero seguía haciendo las cosas del negocio de manera normal, apenas remiraba a Maimuna o a Fritz y, cuando se hubo marchado éste último, seguía sin poder dirigirle la vista a Maimuna.
Los problemas personales de la Sra. Lola, nunca han tenido nada que ver con el negocio. Empezaron cuando el médico le dijo que no podía tener hijos, mucho antes de abrir el negocio y por ese hecho sufrió demasiado, tanto que, hasta dejó a su marido solo dos meses después de casados y cambió de domicilio, se mudó a Valencia y abrió su actual negocio. de aquí su carácter introvertido y un poco distante.
Desde ese entonces su vida continuó ligada estrechamente al restaurante, al que supo mimar y darle un toque de amor. Habían pasado por su negocio infinidad de personas como trabajadores, pero nunca pudo conservar a ninguno por mucho tiempo, a veces los echaba ella y otras ellos se iban, aún pagando bien y tratándolos bien, prueba de ello es que la mayoría frecuentan el restaurante y hasta repiten trabajo en el restaurante, porque desde que entran a trabajar ya formaban parte de ella misma y ya los quiere como tal y, casi nunca dudaba en readmitirlos si es posible. De hecho, ahora con Maimuna trabajan dos más, Inés y Cristian, ambos readmitidos, ella lleva dos años y él tres meses, el mismo tiempo que Maimuna. La relación entre todos es prácticamente profesional, ya que Inés y Cristian son pareja y vivían juntos, se habían conocido precisamente en este restaurante hace ya cinco años cuando entraron a trabajar por primera vez. Apenas terminaban su jornada laboral y se iban a casa. Mientras que la Sra. Lola, hacía de madre y amiga de todos indistintamente, aunque a Maimuna le podía más por su historia.
La Sra. Lola siempre se jactaba de su infinita bondad con la gente en general sin querer nada a cambio porque, decía, no tengo nada que perder y si un día gano algo más de lo que tengo o me corresponde, creo que lo donaré a una ONG. Y al menos parece cierto porque con Maimuna se comporta de una manera digna y sobre todo humana, ya que la rescató del vacío, no teniendo papeles ni dinero, Lola le ha dado una vida, al menos digna. Vive bajo su techo, no precisamente en su casa, si no en un estudio de su propiedad, adyacente al restaurante y, trabaja en su negocio. Ciertamente Maimuna tuvo suerte, muy buena suerte. No tiene papeles, cosa que ya de por sí, hace imposible todo, la vivienda, el trabajo y hasta las amistades, anula cualquier esperanza de vivir de una manera, aunque sea ínfima. Es duro realmente porque la sociedad en la que se vive exige mucho, detrás de todo hay alguien que reclama su esfuerzo, y siempre la réplica a cualquier cosa, es: “yo también tengo que vivir”.

Continuará…

Publicar un comentario