domingo, 14 de octubre de 2012

Maimuna (9)

Maimuna (... continuación)
La vida del incordio



El resguardo que llevaba, tenía una validez máxima de tres meses, que ya estaba vencido de hace unos días, cuando doña Lola se presentó en su estudio la última vez y, tenía que de una manera u otra, saber qué había pasado con su expediente que entregó en Badajoz. Por teléfono podía saberlo, pero necesitaba que alguien hiciera la llamada por ella, para enterarse bien de lo que había que hacer, si es que hay algo que hacer. Antonio perfectamente podía serle útil, pero lo descartaba y, doña Lola también, pero no quería molestarla.
Se presentó en el restaurante “casa Lola”, antes que éste abriera y se sentó en el mismo banco de antaño, donde Lola la vio por primera vez. Al rato se presentó esta última en su local y cual su sorpresa cuando vio a Maimuna sonriéndole tímidamente.

-Hola Maimuna!
-Hola!
-Qué haces tú por aquí y a esta hora?, son las seis y media de la mañana.
-quiero verte.
Doña Lola era una mujer muy elegante y de muy buen ver, irradiaba frescura a pesar de sus cuarentisiete años de edad. Enseguida abrió el restaurante, encendió las luces y fue a la máquina de café, mientras que Maimuna se puso a colocar las sillas; ordenar las mesas y recoger la barra, rutinas del restaurante. Doña Lola no reparaba mucho en Maimuna, le parecía que era como antes cuando venían ambas cada mañana a abrir y cada una se ponía a hacer lo que le tocaba de manera automática. Hasta que, pasados largos minutos, doña Lola se sienta y se vuelve a Maimuna y la invita a hacer lo mismo.
-Que te pasó
-Nada, quiero saber de mis papeles
-Ah!
-quiero que llames a este teléfono –saca el resguardo que tenía en el bolsillo y se lo da.
Doña Lola no le hace muchas preguntas, sabiendo su dificultad con el idioma y la situación en que estaba. Se limita a coger el papel y ojearlo detenidamente; se levanta trae un papel y bolígrafo y apunta un número de teléfono y devuelve a papel a Maimuna.
-Vale, luego llamamos –también se lo indica con el gesto de la llamada con la mano.
Maimuna asienta y se queda callada. El desayuno estaba servido por lo que, en silencio cada una se dispuso a darse cuenta de ello.

(continuara...)
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