sábado, 23 de mayo de 2020

El camino...










Parte 1

El desierto es un hogar, un modo de vida.
Los habitantes se mueven en él como mejor puedan, las distancias son largas y difíciles para andar, no hay tiempo para llegar ni camino. La vida es tan moderna como antigua y nadie repara en ello, porque, en el desierto la vida se narra por cuentos e historias.
En el desierto se come y se bebe mientras se narra una historia, todos comen en el mismo plato y beben del mismo recipiente para, quizás, hacer la historia de otro, tuya también.
En la Frontera. Té saharaui y leche de camella
En el desierto el tiempo se cuenta por sonrisas y de sonrisas, más allá de todo, no te hace falta tiempo, ni tampoco te sobra, no hay prisas ni desencuentros.

Té saharaui

Me toca hacer té, el enésimo al día

Paisaje, parece lunar

Rumbo a Mauritania por pista

Bir Mograín, Mauritania Las cabras buscando sombra,
es febrero pero el calor ya aprieta

calles de Bir Mograin, calle principal

Bir Mograin

Mercedes 190. pura ingeniera alemana, la robustez

190, nada como este coche, lo aguanta todo sin rechistar

El 190, se retoca, aprovisiona y en marcha

El taller

Land rover santana. mito del desierto

Nos ponemos en marcha

Esperando la compañía

Un que otro selfie. Bir Mograin

La pista, siempre fresca

Contratiempo...

 
Pero el mecánico, dice que no pasa nada


Todo parece en su sitio

El retrovisor aguanta

Llegar a destino...

Para llegar a destino, no siempre la línea recta es la más adecuada. Este es un viaje, que he hecho de Tindouf, Argelia, con destino a Palma de Mallorca. Este ese el comienzo, no sabes lo que te espera, ni como será el viaje.

Día 1

Todo empezó mal. Cruzamos la frontera argelina y esperábamos compañía...
No llegó y ya anocheciendo emprendimos el viaje.
Es un largo y tedioso viaje y realmente no tenía ninguna gana de hacerlo, porque lo he hecho mil veces y ya sé lo que tiene y lo que conlleva.
Pero bueno una vez más lo hago y siempre intento disfrutarlo al máximo...





jueves, 26 de diciembre de 2019

EL JARDINERO DEL PEDAGÓGICO






Era viejo, encorvado. Pegado a una carretilla, un rastrillo y una guataca. Las piernas abiertas siempre escondidas tras un pantalón amarillo, denotan fatiga. Las manos grandes y redondas ya gastadas por el trabajo. Tez blanca, nariz ancha, bien calvo, aunque siempre llevaba un gorro militar muy descolorido y arrugado, quizás se puede creer que es para ocultarla, pero no, en Cuba el sol es justiciero y la gorra es un atuendo muy habitual. Que, en fin, era la silueta de un hombre entregado a su vida y a su quehacer, jardinero, era muy buen jardinero, el mejor posible.
El jodido viejo era muy simpático e introvertido, le gustaban demasiado las mujeres, claro era jardinero, así que nada extraño, teniendo en cuenta aquello de cultivador de belleza.
El jardinero del Pedagógico, sobre todo era fiel a su trabajo, lo amaba y lo hacía a la perfección, algo que no dejaba a nadie indiferente, porque él creaba obras. El viejo plantaba flores y rosas allá donde quisiese y les ponía el color que quisiese, hasta los arbustos que plantaba para hacer caminos o para cerrarlos tenían encanto y picardía a la vez, era para ahuyentarnos o atraernos de un sitio a otro. El viejo era muy bueno haciendo su trabajo si, y por ello lo admirábamos y nos parábamos a hablar con él, a indagar con él, aunque solo eso, al fin y al cabo, es cuestión de admirarle, o, con un gesto o un hola desde lejos. Él siempre correspondía, porque era un artista. (...)  
No creo que nadie sabía nada de su vida, más allá de que era el jardinero del Pedagógico. Nosotros le veíamos cada día laborable, mañana y tarde. Su silueta y su sombra estaban fijas en las pupilas de todos y cada uno y, no es que era omnipresente, tal vez nosotros somos los que lo éramos. En realidad, el Pedagógico tenia forma circular y en medio estaban los jardines y paseos que dirigían a todos lugares propios de la institución universitaria: ya sea a los dormitorios o a las aulas, los comedores, los campos deportivos, la piscina o a la cafetería.
Nuestra vida giraba en círculo alrededor de él, y a través de él.
El viejo regalaba flores preciosas a miles, a todas ellas por supuesto y a ellos si las pidiéramos, siempre las daba con el gesto preciso de encorvarse sonriendo y saludar. El viejo, aunque no lo puedo precisar, tentaba a las mujeres con cada flor, con cada saludo con cada sonrisa. No es para menos.
            Transformaba el barro en jardines. Serpenteaba los caminos, los alargaba y los hacía más cortos. Los coloreaba a su genial gusto, hasta los hacía sombreados y frescos. Las caricias infinitas que daba a sus plantas eran como un soplo de vida para ellas, porque a solo dos días de plantarlas emergían fogosas, tiernas y radiantes como de milagro. Algo les susurraba, algo les impregnaba que, dichosas asomaban a la vida sin dilación. El viejo arrugado y encorvado, sabia de la vida doblemente, sabía de la humana, porque él es humano y sabia de las plantas tanto como de sí mismo. Su vida, en el Pedagógico, estaba ligada a nosotros, que éramos los estudiantes universitarios y los futuros profesores, porque nos hacia la vida más amena, más colorida, aunque nuestra vida de antaño que veíamos colorida y disfrutábamos coloradamente, intrínsecamente iba a la par con su artificio y su criterio romántico.
Al atardecer se iba del Pedagógico como venía: en su pequeña bicicleta que apenas rodaba, su imagen en esa bici, completaba el circulo de su vida entre nosotros, porque esa silueta viejuca en esa bici diminuta, también de por sí era otra historia. Apenas cuando se va o viene, importaba algo, aunque tenía un aspecto jocoso, el señor mayor de la bici pequeña, susurrábamos. Siempre le he recordado. A mi modo de ver era algo romántico, bonito y sobre todo admirable.
            ¡Ay, viejo!, por tu culpa hoy no soy jardinero y, verme tranquilo con mis plantas y mis rosas y mis caminos de hierba y poder admirar la hojarasca que cae medio muerta para dejar sitio a una nueva vida, rastrillar y juntar esas hojas para hacerme una cama y dormitar una que otra siesta, como hacías tú.
¡Ay¡, viejo jardinero del Pedagógico, tu no me dejaste, aunque sea aprender a ser como tú, un buen jardinero un buen cuidador, una persona más culta más inteligente. Si no te hubiera conocido, seguro hoy sería jardinero y así quizás me admiren las plantas las rosas y hasta los humanos.
Viejo. Con todo, cuando intenté ser jardinero, no pude y salte las normas de la vida y tiré la guataca y salí corriendo del jardín, luego renuncié siquiera ir a la agencia para cobrar los días trabajados, mi enfado, no me creía digno de cobrar nada, era por respeto a la persona y a la profesión de jardinero, por una vez fui consecuente. Tú me enseñaste el valor de los jardineros y ya eso no cambiará para mí nunca. Viejo, yo jamás podría ser como tú. Porque el que crea vida y la perfecciona, entre otras cosas, quizás era jardinero, la profesión de las mil manos.

 



lunes, 25 de febrero de 2019






















Una imagen acorde a la situación de EL SAHARA OCCIDENTAL.
Pacientemente, haciendo lo que puedes, pasivamente se decolora tu vida, envejeces y mueres.
   irremediablemente se multiplican los años. La rueda de la vida gira y vuelve con nuevos brillos y la esperanza RENACE.
   Para mí el camino todavía es fresco y, para mis descendientes aún no lo ven. Quiero encontrar la solución para que ellos vivan a todo COLOR, muy activamente y que sean plenamente felices.


CoherenciAs

miércoles, 24 de octubre de 2018

El helicóptero de la ONU

Mi primo es militar de la tercera región militar saharaui de Miyik. es uno de los veteranos y además es el chófer de la cuba de agua. Siempre me hablaba maravillas de la zona y de su clima, su aire, sus ríos, sus montañas y hasta de sus piedras. Y en una ocasión fui con él a visitar el tan famoso Miyik.
Yo ya estaba bebido y comido de Miyik y Tiris, a través de la poesía y de los relatos. Son infinitos los testimonios y cuentos de Tiris. Yo al menos lo visite y, la verdad, nada se queda corto y tampoco, nada es lo suficiente para describir Miyik y por ende Tiris.
Y qué podría aportar yo, me preguntaba, ya que estoy aquí.
Mi hija, me lo susurró una vez por teléfono, cuando me cantaba su cancioncita favorita sobre el avión, tiene ritmo y tiene sentido dicha canción, aunque ella no entienda el verdadero sentido.
Pero esto que va a continuación no es un canto a Tiris, es, quizás, una ojeada a una injusticia consentida.

espero que lo disfruten.

Tayara tarat tarat
shofu shofu ya salam
Cada vez que resuena el zumbido estruendoso del helicóptero de la ONU, salen mis hijos corriendo para avistarlo y gritar en voz alta y dando saltos, ¡¡¡el avión el avión!!! y enseguida mi hija, que es la más pequeña, empieza a cantar la canción del avión.
Tayara tarat tarat
shofu shofu ya salam


Es inevitable esta escena cada vez que viene y cuando se va el helicóptero blanco de la ONU. Nosotros muchas veces nos sumamos a dicho jolgorio y otras veces nos quedamos en la penumbra de la jaima observandolos y, siempre se nos salta una que otra sonrisa y, en otras ocasiones somos nosotros los que les advertimos que se oye a lo lejos el ruido del helicóptero, que, claro, para ellos es un avión, hasta el insecto que merodea por la lámpara es un avión.


Nosotros estamos afincados aproximadamente a unos quinientos metros de la sede de la ONU, donde aterriza cada dos o tres días el helicóptero que trae las provisiones a dicha sede. Nos separan de la sede de la ONU, el imponente “río Miyik” y, un vasto terreno arenoso irregular, incrustado con plantas de color amarillento, que, en general dominan casi toda la región de Miyik, donde las serpientes y las ratas campan a sus anchas.
al fondo de todo, se yergue el majestuoso “Galb Miyik”, como señor, omnipotente y omnipresente.
“Galb Miyik” es alargado y muy alto, de donde quiera que lo mires tiene la misma forma, es algo mágico, sus dos puntas, la este y la oeste, nunca desaparecen a la vista, sea cual sea el punto cardinal en el que te encuentres. Al amanecer, es un espejo, limpio, transparente y mágico a la vista, puedes pasar horas observándole sin apartar la vista. Mediado el día, se convierte en áspero, bravuco y hasta amenazante, con su falda de arena luminosa que desafía  a la vista y su cima pedregosa que enseña los dientes afilados. Al atardecer, Miyik, ya no es bueno, inspira miedo, se reconvierte en monstruo, que escupe calor y frío a la vez, y salen sus fantasmas que ladran sin estupor. Pero cuando se adentra la noche, su silueta se convierte en el fantasma más temido.
Galb Miyik, es el  guardián de Tiris, respetado y amado, genera mucha riqueza, porque a su sombra crece agua y crece vegetación, todo lo que necesita un nómada. A su alrededor los beduinos saharauis alzan sus jaimas y riegan su ganado.
Pero Miyik también es un río, un río gigante y caudaloso, sin agua, pero parece que siempre está ahí. Sus árboles verdes y frondosos con ramas gruesas y largas, que, parece que te quieran ahorcar o azotar sin remedio, o simplemente abrazarte. Sus arenas movedizas son trampas y, si no andas con cuidado, te pueden tragar hasta el cuello y luego los millones de bichos que lo habitan, terminan la faena, pero también esas arenas suaves al tacto, son un remanso para sentarse en ellas y deleitarse con un buen té. Miyik, es largo y ancho, aunque no tenga agua, solo se puede atravesar por los puntos señalados y de manera rápida, porque, sus trampas no tienen fin y tampoco tienen amistad  o predilección con nadie.
Miyik, es Galb, es río y es región, todos bastos como el cielo que les cubre.
También Miyik es sinónimo de Tiris, esa región saharaui, lejana en el tiempo y en la distancia. Es amada y querida por todos los que la conocen, sin distinción, los pastores de Mauritania y los autóctonos saharauis, la aman por igual. Quien conoce a Miyik y conoce su valor, le mima, le canta, la ofrece al sediento, al hambriento y al de paso. Sabe que su valedor es Dios y la ha dado al hombre, sin distinción, es tierra sin dueño y sin amigo, solo tiene amantes y nostálgicos cantores.
El helicóptero de la ONU, sobrevuela Miyik cuando viene y cuando se va, aunque no le guste a nadie que otros tengan privilegios sobre su propia tierra y montañas.
Y ese helicóptero que trae víveres y material a la misión de la ONU, trae también personas y las lleva, personas non gratas y privilegios no aceptables. Nadie quiere a la ONU, ni su helicóptero, ni muy de lejos, sus potentes focos de luz que no se apagan ni de día ni de noche.
Esa especie de miniciudad en medio de Miyik, que rompe con todo, es un oasis de la modernidad en medio del desierto y en el corazón de Miyik. Tiene modernos vehículos todoterreno que rugen todos los días para alterar la tranquilidad de sus vecinos y sus ruedas especiales y nuevas hieren los caminos frescos que surcan cada día los nómadas.
La miniciudad de la ONU, que, por la noche se avista a cientos de kms, no es más que un despropósito que no tiene nombre. Parece una nave extraterrestre estacionada en la nada y sus tripulantes hablan una lengua ininteligible y visten una ropa arrogante. A veces la gente se distrae en sus menesteres y olvidan que existe ese monstruo vivo e ineficaz que tienen de vecino, pero es imposible, cada dos días o tres, el helicóptero de la ONU, ondea sus hélices en el cielo nuevamente, y mis hijos salen corriendo de la pequeña jaima a tararear su canción, al fondo, en la sombra, nos reímos, porque nuestros hijos ya aprenden a hablar y cantar con fluidez en su lengua materna, ese, es el motivo de nuestras sonrisas. De momento, la ONU y su helicóptero invaden nuestra tierra y nuestra vida de forma ininterrumpida, en contra de nuestra voluntad.

Mi primo es combatiente de la región militar de Miyik y en una ocasión me comentó que su fusil siempre apunta al cielo. Me quedé pensando en aquel instante cuando me lo dijo. Años más tarde, cuando visité Miyik, recordé sus palabras, pero no estoy seguro de lo que quiso decir. Quizás, si yo fuera militar y las dijera, lo tenga muy claro e incluso, una bala no se pierda en el infinito.

jueves, 11 de octubre de 2018

Homenaje


me uno al dolor, desde la lejanía, pero no el olvido. la tengo en mi mente y a veces en mis actos. Es, esa persona buena, que recuerdas con una sonrisa.



Cuba, mi madrastra. Yo no te perdono nada, yo te amo todita. Yo te adoro, porque los adorados tienen don y tienen aché.
Tu dolor no es dolor cuando se ha cumplido con el deber de la vida.
Muchos que te conocemos, te vemos a cada instante, entre líneas santas o, en el opaco grito del sermón del más acá.
Te enamoré en la adversidad
Y, no me importa volverte a enamorar.

jueves, 24 de agosto de 2017

El que siembra vientos, recoge tempestades



Una buena siembra no es el factor fundamental para una buena cosecha, tampoco un buen grano, ni siquiera una buena atención y un mejor cuidado. Pero, el hecho de sembrar, por lo común conlleva cosechar, y, así es como nos va a la humanidad, sembrando y cosechando. En todos los tiempos, en todos los lugares.
Y el que siembra vientos recogerá tempestades, es tan simple como suena. Un reparto de odio de una parte y de otra se va extendiéndose de un lado a otro. Un juego macabro de descerebrados nos va consumiendo y matando sin piedad en nombre de la venganza y del odio. Una vez la alegría en un lugar y tristeza en otro, para luego cambiarse el rol. Todos siembran -no me incluyo-, todos recogen. Donde Matanza, es Victoria y donde Victoria es Matanza. Somos imbéciles, son imbéciles, aquí si cabe la famosa frase “he ahí la cuestión”. No puedo obviar la realidad, ni alegrarme del sufrimiento de nadie; nadie puede; nadie debe. Y, la realidad, es que hay terrorismo, instigado por el odio, que sin duda generará odio para causar más terrorismo.
Entonces. Bien, no es el terrorismo una meta o una solución para algo o para alguien, no lo es nunca, ni una guerra siquiera. El que mata de cualquier modo, es terrorista.
Yo tengo una historia, es bien sabida.
Mi historia es más triste que nadie, porque aún estoy esperando la paz, pero con la paz, me duele el tiempo y las formas, pero me duele más matar, me duele más avasallar, me duele más despreciar. Hablo en primera persona, porque es en primera persona como pienso y como veo, creo que me debo a la vida, por lo tanto valoro la vida, la propia y la de los demás. Y, hablo en primera persona en nombre de mi país. Porque mi país, lleva años viviendo la barbarie del terror, de un modo y de otro.
No siembren vientos, por favor. Hoy en día el tiempo es muy raro y, las tempestades germinan muy pronto.
Hagan como yo: tengan doble cara, amen a aquellos aunque les guste estos o, amen a estos aunque les gusten aquellos, nos les aseguro felicidad, quizás intensidad aquí y allí, inciertamente eso si. Nadie ni nada en sí es un poema. Nadie, ni nada, más allá, ni más acá, es más potente que el respeto y el AMOR.

no es por Barcelona, no es por Londres ni París, ni por El Aaiun. es por todos

Chejdan Mahmud. Mallorca, 18 agosto 2017
poeta y escritor saharaui