domingo, 5 de junio de 2016

Hotel, hotel. Historias de viajes




Esta entrada ha sido publicada en el blog de El País ¿Y dónde queda el Sáhara?, coordinado por Sukeina Ali Taleb: http://blogs.elpais.com/donde-queda-el-sahara/2016/05/hotel-hotel-historias-de-viajes.html

Una y mil veces hice el mismo viaje en una y otra dirección. No eran viajes de placer, aunque siempre me planteo paladearlos. Esos caminos no son previsibles ni llanos ni siquiera trazados; no son curvos ni serpenteados ni tienen bordes. Nunca tienen la intención de guiarte ni de llevarte por el camino más corto y, casi nunca, invitan a detenerse por ningún motivo: es un viaje que hace camino al pasar y que se borra al mirar atrás. Es un viaje en una estéril tierra, donde la mirada no se deleita y las ganas se exasperan con cada sacudida. Se hace largo, largo, y el día nace y muere delante de tus ojos, sin percatarte de que el sol se ha movido. Es el viaje desierto través, desde los campamentos saharauis de Tindouf hasta Zuerate, más de ochocientos kms, contados a ojo.
Son los caminos de Dios, como se les suele llamar, dicen que él los crea al paso de cada persona o ser, para luego borrarlos y volver a trazarlos al paso del siguiente ser o persona.
Son los caminos del sur. Son los caminos de los saharauis que los conectan con el mundo, o, mejor dicho, con su mundo. No son efímeros, porque se dibujan en la arena y en la piedra y en la sabja. Pero, nadie puede predecir que le llevan a su destino. Solo hay que recorrerlos hasta el final para asegurarse que llegues a tu destino. Muchos no llegan.
Y.
Sin embargo, están llenos de transeúntes, de vida, de estrellas y de polvo. Están colmados de ajetreo y trashumancia, que se riega para colorear la inmensidad de matices y olores y palabras.
Y. Sin embargo, -reitero-, en estos caminos se edifican ciudades invisibles, con su gente invisible y sus comercios escondidos y, ahora, sus “hoteles” que rayan el buen sentido de la hospitalidad y de paso dignifican sus, también, invisibles dueños. Son hoteles porque ofrecen además: conocimiento y, cuentos, muchos cuentos. Ofrecen al afortunado inquilino un remanso de sosiego que, sobre todo, sirve para enfriar la mente.
Tienen un más que notable valor humano, más allá del negocio, porque vienen a ser como un oasis como tal -con su sombra y su agua-. Y, al que se le suman los mil y uno cuentos de los viajeros, yo incluido.
Sin burocracia ni preguntas ni siquiera encuentro con ningún interesado o dueño, se toma nota de tu paso al marcharte, por si preguntan -y, sí, siempre preguntan-. Muchos darán buena reseña de ti, de tus acompañantes y de tu vehículo. Porque esas historias que se cuentan y que yo cuento, se crearon en esos caminos, en esos hoteles, por anónimos que se apresuraron a descifrar tu identidad. Luego todo acabará en historias que se convertirán en cuentos.
Cuando te vas a ir, pagas. Nadie te reclama que lo hagas, tienes que buscar a alguien, al que sea y le pagas. Sin mediar palabra, das la vuelta y te vas. El precio ya te lo sabías de antemano, precisamente en uno de esos cuentos. Sí, porque en los cuentos saharauis se incluyen los precios de los hoteles, del ganado, de la gasolina. Son cuentos de una realidad mezclada con detallismo mas, sedentarismo. Todo es un consomé de realidad y virtud, que retrae al menos decente. También esto es así, simple, porque simple tiene que ser un ser. Rezan.
Luego se vuelve a los caminos, de ida o de vuelta. Ahora vas colmado de historias que de vez en cuando te harán gesticular de algún modo, o, quizás, de ideas y proposiciones que desees que cambien algo. El trayecto se hará distendido entonces, siempre y cuando los hedores inevitables de algún que otro paisano, que no hizo sus deberes higiénicos, sean con el viento a su favor.
Ya les contaré unos cuantos cuentos de viaje... y quizás de destino.






viernes, 1 de abril de 2016

La dulce Fátima


Hubiese Don Mahmud (yo, en adelante), no acudido al muelle del Aaiun a despedir a las tropas y personal español cuando abandonaban el Sahara Occidental. El cuenco de color negro rebosante de leche de camella recién ordeñada, lo sostenía entre mis dos manos, otro compañero, en realidad varios, de manera alternativa, sostenían entre las manos o, un cuenco lleno de leche o un plato de dátiles.
    Pero a mí me saltaban las lágrimas de manera desbordante en aquel momento. Mi vida la había vivido intensamente junto a mis inseparables amigos y ahora los veo irse. Una historia terrible e injusta iba a empezar, justo después de mis excitadas lágrimas.
    Todos mis amigos y yo estuvimos jugando la noche anterior, pero también sabíamos de la separación, quién nos diría el porqué, y por cuánto tiempo, ni siquiera ellos preparaban su propio equipaje a sabiendas que un inminente viaje los implicaría a todos menos a mi y, qué más da.
El día de la partida yo los buscaba con la mirada cuando abordaban el barco cogidos de las manos de sus familiares. Porque, Antonio mi mejor amigo, también partía y, Fátima, Guaci, Aytami, Ayoze. Por eso el cuenco de leche, los dátiles que les ofrecía como despedida me sabían a dulzura y bienestar, dentro de poco tiempo los volveré a ver y a jugar con ellos sin lugar a duda, además, todos eran canariones, ese lugar del que ellos me hablaban con infinita ternura. Porque ese paraíso apenas queda a dos palmos de mi tierra.
    Una y otra vez, en esos breves momentos, discontinuos, ininterrumpidos, de miradas y corazones ansiosos, cuando el griterío y los empujones de los viajeros eran más que saludos, se cruzaba el ayer y, el anteayer, nuestros juegos, nuestras lecturas y largas charlas en la casa de Antonio.
    Fátima siempre traía consigo un libro muy bien cuidado del Quijote que ella había leído y releído, cierto que ninguno de nosotros lo había hecho pero, eso sí, lo teníamos más que conocido. Ella se empeñaba en contarnos lo loco que era el tal Don Quijote de la Mancha, pero, nosotros también tomábamos a la chiquilla como otra loca, a pesar de su fina belleza. Nos gustaba a todos, pero que nadie se atrevía a confesarlo, ni mucho menos a ella, porque eso significaba entre otras cosas, tragarse a ese enorme libro que, realmente a nuestra edad y manera de ser, se nos hacía harto imposible.
    Ella nos decía que Don Quijote era bueno, tan bueno que arriesga su propia vida para defender lo que él crea verdad y justicia, nos decía que incluso ella misma sería capaz de hacer lo mismo. Era tanto su convencimiento de la inmensidad y generosidad de las personas, que le saltaban las lágrimas al pronunciarse al respecto en cualquier ocasión. Y nosotros, algunos cabizbajos y otros medio risueños, la escuchábamos con qué ganas de mandarla a callar, sin embargo su belleza nos imponía más.
    Le hubiere yo, el día de la partida confesado que también me gustaba el Quijote o, talvez en honor a la verdad, que me empezó a gustar gracias a ella. Nos contaba a Antonio y a mí, que el flaco Don Quijote de la Mancha era su ídolo, tal como ella creía en la belleza, y claro, nosotros en treinta y tres la escuchábamos, quizás en el fondo desearíamos en aquellos instantes ser tan flacos o tan locos para gustarle a ella.
    Corrí a por ellos, sí, corrí como poseído, no sabía qué demonios me pasaba, todo el gentío presente reparaba en mi locura, excepto a quienes va dirigida, a Antonio; Ayoce... mis inseparables amigos y hermanos, a mi amada Fátima, a la que quizás nunca le hubiere confesado que la quería. Mi darraa casi voló; el cuenco se me desapareció de las manos. Solo quería brindarles mi último adiós, llanamente despedirme, verlos por última vez, pero, de nada sirvió esa alocada espantada, alguien de los presentes, me agarró y, truncó mi desairada carrera y, con un breve azote en las nalgas me puso en las manos de mi madre. Ese día yo tenía puesto mi traje típico saharaui, mi darraa azul y mis sandalias de cuero, vestía realmente de gala, mi madre lo había dispuesto todo, es la primera vez que yo no reparaba en mi fabuloso traje, porque eran contadas las veces que celebrábamos algo y, desde luego mi madre y familia sí tenían algo grande que celebrar.
    Quizás mi falta de atención a la lectura o mi poco interés o, esa niña tan hermosa, fuere como fuere, días después de la marcha de todos los españoles, un amigo saharaui de la pandilla me dijo que “Don Quijote de la Mancha” tenía dos partes. Con tal sorpresa, me apresuré a hacerme con él, mi ilusión era creciente y mi corazón se agitaba como nunca, pensaba por primera vez en mi vida regalar algo grande a una persona. Quién me diría a mí que ella sabía de esa segunda parte de su libro preferido. Me invadía la dicha, pero antes... antes lo leería yo, tal vez con la ilusión de compartirlo con ella, sí, empecé a leerlo. Cierto, que después tuve que leer también la primera parte, me importa un carajo el orden. Luego, hice la encomienda a mi padre de mandarlo a Fátima y, días más tarde, mi padre se sumó al ejército y, cayó mártir. Apenas me dio tiempo de preguntarle por mi encargo.

Chejdan Mahmud Yazid


sábado, 26 de marzo de 2016

Reflexión bajo el siroco


    En esto de internet, hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y, o, se reflexiona, porque la sensibilidad del momento y mucha rabia contenida y mucha nueva rabia adquirida puede llevarnos a creer que tenemos el derecho y estamos en la obligación de opinar y, yo uno más.
Más.
    Los saharauis hace tiempo que confrontamos con los marroquíes y sabemos que ellos son la madre de todos los males, tanto en el África, que ya hace tiempo les dio la espalda. Como en el resto del mundo. A ver para cuando Europa se da cuenta y hace lo mismo. No es un juego de niños y de enfados, es cuestión de convivencia y bienestar, lejos de los caprichos de un mimado y malcriado pueblo, que, por otra parte, es rehén de su condición de marroquí.
    La imagen de Aznar en las Azores, la recuerdan, era el preludio de una Europa mejor y, al menos, más coherente, sin pagar caprichos ni peajes innecesarios, hasta con un Sahara independiente. pero alguién no le convenía y truncó esa ilusión. Pero bueno, ha pasado el tiempo y los malos lo siguen siendo como antaño y dispuestos a imponer su maldad a toda costa y siempre pagan los muy buenos. Los viajeros y los exiliados. Si alguien se echa la mano a la cabeza ahora, recuerda, que no hay nada que hacer. Salvo que EEUU, entre en la cuestión muy seriamente, partiendo, de que eso lo decidirán ellos, cuando se den cuenta de que el Sáhara Occidental es más interesante que Marruecos. Entonces como antaño hizo kessinger , "espero esté bien escrito", alguien desde la Casa Blanca, levante el teléfono y haga salir a Marruecos de el Sahara con otra marcha verde a la inversa, y que se llamaría "marcha rosa" y, con ello acabarán muchos males.
Amén.


sábado, 12 de marzo de 2016

Historia de un aniversario

Si un viajero se apunta a ser solidario, eso no supondria nada extraño. Y, si un solidario se apunta a ser investigador tampoco supondría nada fuera de lo común. La mente humana es tan ancha como el horizonte y puede absorber, sin cambiar la forma, tanto, como una esponja. A todo ello si se le suma la inquietud y las ganas todo luego adquiere forma.
Iba yo acompañado por una viajera solidaria italiana, que solo puedo describir como “italiana”. Una mente privilegiada, multilingüe y, sobre todo, inquieta. Tuve el placer de acompañarla; esperarla que terminara de reflexionar; agarrarla para que no se la llevara el viento y, a veces, sentir a lo lejos su aliento casi moribundo mientras escuchaba una vieja historieta muy banal, o, simplemente, contarle que la arena es un mal necesario que a mí no me gusta, a lo que ella me respondia con un “no te quejes”. Quise acariciarla con una mano, mientras con la otra acariciaba a la rubia del violonchelo. Mas, mi mente miraba al cielo, pensando en cuál me gusta más. Y, en tanto, el ambiente se impregnaba de una vieja canción de “Los van van”: “Ay Dios ampárame”. Dichosos los instantes.
Y. Anduve a la par, con otros viajeros trotamundos. Una orquesta completa, que venía a llenar el desierto de música incomprendida. Músicos de pieles blancas relucientes y  aún reacias al maltrecho exilio y desobediente desierto. Anduve con los músicos y con algunos de ellos, me regalaron su música como mera presentacion y yo quise regalarles palabras enojadas, pero me abstuve: no era necesario entristecer a la alegría. Además, yo siempre deseé música en directo y así, en pleno desierto, la música en directo vino a mí, ensayos inclusive.
De Asturias, vinieron, porque en Asturias se cuece el buen pan y se recuerdan bien las palabras ya olvidadas. Me encontré con la orquesta entre bambalinas y esquivando instrumentos y buscando de reojo a la más guapa o al más bonachón. Hablé con las personas por si me necisitaban y remiré los gestos buscando complicidad, para cuando se termine la función.
El exilio saharaui se vio una vez más colmado por la solidaridad, y yo me vi colmado de alegria. Aunque el irrespetuoso siroco también quiso estar presente para sucumbirnos todos ante su mandamiento, a nosotros luego solo nos quedaria esconder la sonrisa tras el fiel turbante. Quiso, hasta enamorar a mi italiana y llevársela, y cuando se lo impedí, fue a por alguna que otra paisana saharaui, que ya hace tiempo le habían dado su consentimiento. Sé que le habló al oído a unas cuantas de la orquesta y me enteré que alguna aceptó sus bravíos halagos.
En Dajla, me vi como un charlatán, que hablaba y a la vez sermoneaba y me salia la simpatía hasta por los oídos y, de repente, ya soy intérprete, arqueólogo, antropólogo, maestro artesano, periodista y hasta, cantante. En un momento determinado me mandaron a callar y me callé, y en otro me callé yo mismo porque me di cuenta que nadie veía los documentales de “La 2 de TVE”. Y, mi silencio soportó hasta la ira de la envidia.
Es mi sincero homenaje a los musicos que conoci en Dajla, a tantas caras y tantos matices diferentes y que se funden en tantas canciones y que saborean la misma partitura. Ellos se acercaron a mi realidad y yo los vi, o, los oí y, me enamoraron sus canciones, su elegancia encima del escenario y su cariño hacia sus intrumentos. Les amé porque reparten alegría e infunden confianza.
Gracias, señores músicos, gracias.
Y, ¿qué me queda, después de todo?. En su mente la próxima estación del próximo destino. los pájaros vuelven a volar después de cada reposo. Un “me gusta” frío y calculado de vez en cuando llama mi atención, luego que las campanas repiquen en algun aparato, que ilumina la soledad del dialogante.
Ele, María, Carlos, Bea, Iyan: Lamat me dijo que sois buena gente y yo le dije que ustedes son gente buena. En tanto, los días siguen y los momentos e instantes se multiplican. Ahora y antes, una flaca italiana me da las buenas horas cada día, y yo lo mismo. Ella es dueña de su trabajo y yo dueño de mis palabras, y así vamos tirando hasta que algo nos separe.

Cuando el viajero arriba, será bienvenido y, cuando se va, será despedido. Las palabras que dijo no se quedarian, se pierden y vuelven a su dueño para ser reutilizadas, siempre y cuando el viento nunca deje de soplar.


domingo, 6 de marzo de 2016

Luego.


          Ahora, apostrado en mi jaima, dándome golpes aquí y allí en mi mente, merecidamente. Me propongo, ante nada, disculparme por dejar mi blog tanto tiempo sin renovar. Es mi culpa: adquirir compromisos y luego no cumplirlos, pero seguiría siendo mi culpa, si dijera cualquier otra cosa.
Así que, por enésima vez, me propongo reaunudar mi comunicación y mi punto de vista personal con todos, y espero no morir en el intento una vez más. No soy presuntuoso de nada, creo yo, y siempre me gusta ser consecuente con mis actos y mis palabras, pero también me importa mi día a día y mi gente. A veces los caminos no son los buenos, aunque el destino lleve a lo mismo, que es, al fin y al cabo, la supervivencia.


Eso es todo, ando fresco ahora mismo, díganme, si lo desean y por favor, si la vida aún sigue siendo tan descarada.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Exiliados (iii). Crónicas del exilio saharaui

La joula”, vacaciones en paz

hablar de vacaciones en paz “La joula”, es hablar del Sahara del exilio, ya sea en un lugar como en otro del planeta. Es la madre y el padre de todos los aconteceres del exilio, es, la magnificencia “positiva” de cuanto puede ser posible en el exilio, porque simplemente es la ventana principal al mundo y a la realidad, y es el soporte económico, ideológico y espiritual de la vida en general del exilio. Pensando un poco en tal cuestión, veo imposible no relacionarlo con algo. Es de dimensiones desproporcionadas a tal punto que influye en la política y destino del exilio saharaui.
Es el niño que ahora es hombre o mujer; es el hombre o mujer que ahora es de otra nacionalidad o, es, simplemente el que va y viene del y al exilio. Todos en general vivimos el exilio, gracias a vacaciones en paz. Y es la paz de algún modo lo que impide el desbarajuste del exilio y por ende, una vida sosegada, parcialmente tranquila y desahogada.
El niño que va a la “joula”, ya sabe años antes de irse, que irá. Y vive ese tramo de su vida, desde que lo sabe hasta que ocurre, con mucha intensidad y alegría y haciendo saber a todos que su momento llegará, aunque nadie le interese un bledo o repare en ello. Y llegado el momento, sí que todos le prestarán atención y le mimarán y le agasajarán. En realidad, nadie sabe si esa alegría es fruto de un bien o un bien con fruto, por lo que al final o, en principio, todo parece simplemente un juego de niños y mayores.
Cuando se va, vuelve cargado de juegos y juguetes, de cuentos, de idiomas, de dinero, de sonrisa y de nostalgia. Viene cargado consigo mismo y con dos almas y dos corazones y cincuenta ojos, más millones de sorpresas que las guarda en los mil bolsillos que ahora trae. Entonces, a partir de tal instante, empieza a rodar un ruleta multicolor y con múltiples propósito sobre sí misma. Rodará hasta que un desperfecto de “fábrica” la interrumpe. Quizás luego se subsane la avería, pero ya no volverá a ser la misma y, puede que luego se venda al mejor postor, o, simplemente se deje en el olvido.
Las vacaciones en paz brindan paz y bienestar. Han hecho felices a muchas personas, a muchas familias. Han hecho mejores a muchos corazones y han colmado muchos anhelos y deseos. Han provocado idas y venidas. Se reproducen cada año, más allá del devenir de las ideas. Y es que en la intensidad de la solidaridad tiene en el ser humano la clave de la subsistencia cuasi eterna, y, el respeto que ésta reclama es su baza fundamental. “Joula”, aunque a veces anda en la cuerda floja, tanto por culpa de una parte como otra, siempre se ha mantenido engrasado con tal elemento que es el respeto.
Yo, fui a vacaciones en paz cuando me tocó, aunque no llegué a cruzar el charco, me quedé en Argelia. Fue divertido la verdad y descubrí el mar y la comida marina. No recuerdo mucho más y no es porque andaba distraído, más bien quizás porque aún no era consciente de nada. Mas, al año siguiente me convidaron a volver al mismo sitio y no quise ir. Pudo ser porque cuando hicieron la rifa en mi primer viaje , no me tocó nada y también pudo ser porque el chándal rojo y negro que ponía “SONATRACH” no llegó a gustarme o porque me quedaba demasiado grande y nadie se preocupó en remendarlo, ah, también porque no me dieron dinero ni me dijeron que tenia que llevarlo y desde luego tampoco tuve la precaución de llevarlo. Resultado, me fui sin nada y volví con un chándal y un poco de tristeza. En fin, no quise rotundamente volver a “SONATRACH”, aunque representa la zona más rica de Argelia, por los yacimientos de petróleo.
Y no volví a disfrutar nunca más de “joula”. El tiempo y la guerra arreciaban y no era momento ni tiempo para casi nada. Pero “Joula” continuó de una manera u otra y se acrecentó y al final tomó su propio carácter y dimensiones.
Entonces surgió de la nada y de la noche al día, familias y personas ricas, inclusive sobradamente ricas, con sus coches nuevos de lujo, aparatos electrodomésticos de última generación y fiestas y convites descomunales. Niños con atuendos llamativos y de marcas caras, bicicletas, gorras y gafas etc. El exilio se tornó ya irreconocido, se convirtió en un carnaval de colores y olores y los exiliados se sumaron en una carrera hacia otra sociedad más consumidora y radicalmente desinhibida.
Mientras, los gobernantes y allegados se sumaron en una jauría, alzando la voz cada vez más alto y aniquilando a sus víctimas sin ningún pudor o reparo y, de paso convertir los sentimientos en negocios, creando guetos que dejan mucho que pensar que inspiran discursos nada reconfortantes.
Al final y al cabo alguien pensaría que “Joula”, es una teatro que cada año se repite, donde no se sabe quién es el público y quién es el actor, pero al terminar la función todos se van contentos de la sala. Eso sí, al margen de la crítica.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Exiliados (ii). Crónicas del exilio saharaui

Él                                     

Él va a la par con el exilio saharaui y su cumple se anuncia a bombo y platillo cada año, sabiendo que no es tradición el recordar o celebrar dicho acontecer. Él es el grande de la familia del exilio. No llegó a tiempo para ir a la guerra. Suerte. Pero paradójicamente reclama la guerra, reclama su pedazo de historia, reclama su arma y sus balas para descargar su ira o su venganza. Ahora es el mayor, el que recientemente se ha casado o esta a punto. Él es el mayor y su voz ya calla a los mayores y les enseña las pautas a seguir en el exilio y les da el pan de cada día. Trabaja aquí y allí, se sacrifica sin importarle el precio y come arena amasada con su saliva.
El Él, es simpático y a veces tiene la sonrisa blanca y a veces la tiene color crema. No conoce de miseria pero sí de sufrimiento. Poco a poco labra su vida con el arado de la esperanza y con la fuerza del orgullo.
Simétricamente, la vida y las condiciones que le rodean le van quitando fuerzas e ideas. Le mangonean y le tratan como el tonto sin ideas ni experiencia. Es así porque su lectura no distingue entre silabas castellanas y abecés arábigos. Los idiomas los entremezcla y los bate para bebérselos sin ningún atisbo de error. Pero también los mayores siguen siendo jóvenes aunque pierdan el juicio.
Él, exiliado de pura cepa, no busca un final ni un principio, no tiene tiempo pero sí temperamento, no tiene motivaciones aunque sí motivos y no tiene aplausos aunque tiene ovaciones. El exilio es duro como el mismo desierto y aunque Él es oriundo no le cabe que es de donde nació, -a mí tampoco, sea dicho de paso-. Es una vorágine de sentidos y sensaciones que suspiran por una refutación.
Aún clama por la guerra que no alcanzó y jura liberar su tierra cueste lo que cueste. Clama, cuando ya sabe que las armas ahora son pedestales y las balas flores. Cuando ya sabe que los tanques son autobuses y los camiones cisternas. Y, cuando ya sabe que las manifestaciones ya no necesitan banderas y pancartas y los manifestantes no necesariamente deben estar compinchados con Dios.
Yo estoy con Él, aquí en el exilio y nos codeamos en “la marsa”, en “passaja” o en Rabuni. A veces nos dirigimos la palabra y a veces compartimos viaje. Pero, ni Él me habla de sí ni yo de mí. Solo al separarnos en algún lugar o en algún momento, me recuerda que él es más héroe que yo y con más suerte y tiene mejor ropa y calzado y pinta. Desde luego.
Aún, espera pacientemente con la sonrisa predispuesta y con algunos ahorillos en el bolsillo por si acaso. Así es su vida después de todo, de precario a precavido. Mientras escribo esto oigo "sgarit". otro Él, que rompe la espera. ¡¡¡FELICIDADES!!!.