lunes, 22 de diciembre de 2014

Exiliados (iii). Crónicas del exilio saharaui

La joula”, vacaciones en paz

hablar de vacaciones en paz “La joula”, es hablar del Sahara del exilio, ya sea en un lugar como en otro del planeta. Es la madre y el padre de todos los aconteceres del exilio, es, la magnificencia “positiva” de cuanto puede ser posible en el exilio, porque simplemente es la ventana principal al mundo y a la realidad, y es el soporte económico, ideológico y espiritual de la vida en general del exilio. Pensando un poco en tal cuestión, veo imposible no relacionarlo con algo. Es de dimensiones desproporcionadas a tal punto que influye en la política y destino del exilio saharaui.
Es el niño que ahora es hombre o mujer; es el hombre o mujer que ahora es de otra nacionalidad o, es, simplemente el que va y viene del y al exilio. Todos en general vivimos el exilio, gracias a vacaciones en paz. Y es la paz de algún modo lo que impide el desbarajuste del exilio y por ende, una vida sosegada, parcialmente tranquila y desahogada.
El niño que va a la “joula”, ya sabe años antes de irse, que irá. Y vive ese tramo de su vida, desde que lo sabe hasta que ocurre, con mucha intensidad y alegría y haciendo saber a todos que su momento llegará, aunque nadie le interese un bledo o repare en ello. Y llegado el momento, sí que todos le prestarán atención y le mimarán y le agasajarán. En realidad, nadie sabe si esa alegría es fruto de un bien o un bien con fruto, por lo que al final o, en principio, todo parece simplemente un juego de niños y mayores.
Cuando se va, vuelve cargado de juegos y juguetes, de cuentos, de idiomas, de dinero, de sonrisa y de nostalgia. Viene cargado consigo mismo y con dos almas y dos corazones y cincuenta ojos, más millones de sorpresas que las guarda en los mil bolsillos que ahora trae. Entonces, a partir de tal instante, empieza a rodar un ruleta multicolor y con múltiples propósito sobre sí misma. Rodará hasta que un desperfecto de “fábrica” la interrumpe. Quizás luego se subsane la avería, pero ya no volverá a ser la misma y, puede que luego se venda al mejor postor, o, simplemente se deje en el olvido.
Las vacaciones en paz brindan paz y bienestar. Han hecho felices a muchas personas, a muchas familias. Han hecho mejores a muchos corazones y han colmado muchos anhelos y deseos. Han provocado idas y venidas. Se reproducen cada año, más allá del devenir de las ideas. Y es que en la intensidad de la solidaridad tiene en el ser humano la clave de la subsistencia cuasi eterna, y, el respeto que ésta reclama es su baza fundamental. “Joula”, aunque a veces anda en la cuerda floja, tanto por culpa de una parte como otra, siempre se ha mantenido engrasado con tal elemento que es el respeto.
Yo, fui a vacaciones en paz cuando me tocó, aunque no llegué a cruzar el charco, me quedé en Argelia. Fue divertido la verdad y descubrí el mar y la comida marina. No recuerdo mucho más y no es porque andaba distraído, más bien quizás porque aún no era consciente de nada. Mas, al año siguiente me convidaron a volver al mismo sitio y no quise ir. Pudo ser porque cuando hicieron la rifa en mi primer viaje , no me tocó nada y también pudo ser porque el chándal rojo y negro que ponía “SONATRACH” no llegó a gustarme o porque me quedaba demasiado grande y nadie se preocupó en remendarlo, ah, también porque no me dieron dinero ni me dijeron que tenia que llevarlo y desde luego tampoco tuve la precaución de llevarlo. Resultado, me fui sin nada y volví con un chándal y un poco de tristeza. En fin, no quise rotundamente volver a “SONATRACH”, aunque representa la zona más rica de Argelia, por los yacimientos de petróleo.
Y no volví a disfrutar nunca más de “joula”. El tiempo y la guerra arreciaban y no era momento ni tiempo para casi nada. Pero “Joula” continuó de una manera u otra y se acrecentó y al final tomó su propio carácter y dimensiones.
Entonces surgió de la nada y de la noche al día, familias y personas ricas, inclusive sobradamente ricas, con sus coches nuevos de lujo, aparatos electrodomésticos de última generación y fiestas y convites descomunales. Niños con atuendos llamativos y de marcas caras, bicicletas, gorras y gafas etc. El exilio se tornó ya irreconocido, se convirtió en un carnaval de colores y olores y los exiliados se sumaron en una carrera hacia otra sociedad más consumidora y radicalmente desinhibida.
Mientras, los gobernantes y allegados se sumaron en una jauría, alzando la voz cada vez más alto y aniquilando a sus víctimas sin ningún pudor o reparo y, de paso convertir los sentimientos en negocios, creando guetos que dejan mucho que pensar que inspiran discursos nada reconfortantes.
Al final y al cabo alguien pensaría que “Joula”, es una teatro que cada año se repite, donde no se sabe quién es el público y quién es el actor, pero al terminar la función todos se van contentos de la sala. Eso sí, al margen de la crítica.

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